Eduardo Montolio: “Es imprescindible rememorar barbaries como la de Vic para que los jóvenes sepan que la lucha contra el terror no salió gratis”

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Hoy se cumplen 30 años del atroz atentado terrorista contra la casa cuartel de la Guardia Civil en Vic (Barcelona). A las siete de la tarde del 29 de mayo de 1991, varios miembros del “comando Barcelona” de ETA lanzaron un coche-bomba con 70 kilos de explosivo y metralla contra el recinto. Los terroristas deslizaron el vehículo por la rampa de entrada y lo hicieron estallar cuando llegó al patio. Varias criaturas jugaban en el recinto. Diez personas, cinco de ellas niños y adolescentes de entre 8 y 17 años, murieron salvajemente asesinadas a consecuencia de una enorme explosión que dejó más de cuarenta heridos, la mayoría mujeres e hijos de los guardias, y un paisaje desolador de ruina, incredulidad y dolor.

Un día después, los etarras fueron localizados en un chalé de Lliçà d’Amunt. Dos de ellos, Joan Carles Monteagudo y Juan Félix Erezuma, murieron en un intercambio de disparos con la Policía; el tercero, Juan José Zubieta, fue condenado a más de mil años de prisión. El “comando Barcelona”, uno de los más activos y sanguinarios de la banda terrorista, fue también responsable del atentado contra el centro comercial Hipercor, el 19 de junio de 1987, en el que murieron 21 personas y más de treinta resultaron heridas. Fue el ataque con mayor número de víctimas de los perpetrados por la banda asesina a lo largo de su historia. Sólo seis meses después, el 11 de diciembre de 1987, ETA atentó contra la casa cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza y mató a 11 personas, entre ellas cinco menores.

La tragedia de Vic, fruto de la más absoluta sinrazón y barbarie, dejó imágenes imborrables, como la del guardia José Gálvez, con la cara ensangrentada, llevando en sus brazos a una niña herida.

Tributo de la Fundación

En nombre del Patronato y de los socios de la entidad, el presidente de la Fundación Nacional Hermandad de la Guardia Civil, Eduardo Montolio, ha mandado hoy un abrazo de solidaridad, lealtad y gratitud a la Benemérita por “el alto precio en vidas que el Cuerpo ha tenido que pagar para protegernos a todos y salvaguardar la democracia y el estado de derecho”. “Nuestra Fundación entiende que es imprescindible rememorar barbaries como la cometida contra la casa cuartel de Vic para que los más jóvenes y las futuras generaciones de españoles comprendan que la lucha contra el terror no salió gratis y que la derrota democrática de ETA se cobró cientos de muertos, miles de heridos y heridas que nunca cerrarán”.

La Guardia Civil, siempre en la diana de ETA

La banda terrorista ETA siempre tuvo a la Guardia Civil en su punto de mira. El sangriento historial de la organización criminal comenzó el 7 de junio de 1968 con el asesinato a tiros del guardia civil José Antonio Pardines, en Guipúzcoa. Durante los 50 años siguientes, 210 guardias civiles caerían asesinados. Pese a los golpes constantes, que hundían a decenas de familias en el dolor, el colosal trabajo de guardias y policías, junto con la aplicación de todos los resortes del estado de derecho, lograron poner fin al mayor desafío contra la democracia que ha afrontado España.

A lo largo de 50 años, ETA cometió miles de atentados, dejó 857 muertos y causó más de 7.000 víctimas. Son cifras que es necesario recordar para que se asienten también en la memoria de las jóvenes generaciones. Nadie se libró de aquella sinrazón. Murieron guardias (210), policías nacionales (149), militares (86), políticos (32), agentes de la policía autonómica vasca (13) y catalana (1), policías locales (24), jueces, abogados y profesionales de la Administración de Justicia (10)… Y murieron cientos de civiles hasta entonces anónimos.

Un historial terrible que incluyó el secuestro de 79 personas, 12 de las cuales fueron asesinadas. El funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, liberado por la Guardia Civil tras permanecer durante 530 días en un zulo en Mondragón, fue quien más tiempo permaneció encerrado. El secuestro y posterior asesinato, el 13 de julio de 1997, del concejal del PP de Ermua, el joven Miguel Ángel Blanco, desencadenó una ola de indignación en toda la sociedad española, que se echó a la calle en las manifestaciones más multitudinarias que se recuerdan contra la actividad criminal de ETA y en apoyo a las víctimas.

Para muchos, la herida infringida por ETA sigue sangrando. En concreto, para las familias de las más de 300 personas cuyo asesinato aún no se ha podido resolver. A estas víctimas no se les ha podido hacer justicia y también es importante que las recordemos. De momento, el recuerdo y la solidaridad es la única reparación.